La reparación de las eflorescencias depende de dos factores:
El tipo de sal cristalizada y su salubridad
El tipo de material sobre el que se ha cristalizado
Limpieza Natural
Consiste en la disolución de los cristales eflorescibles por medio de la proyección de agua en forma pulverizada a la presión indicada en cada caso. Requiere además el posterior cepillado con cerdas más o menos resistentes en función del tipo de sal. Lógicamente para emplear este sistema, es necesario que la sal cristalizada sea soluble en agua.
Se tiene que tener en cuenta el coeficiente de porosidad del material que tiene el soporte, a fin de establecer la forma de aplicación del agua, así como la presión y cantidad necesaria.
Independientemente de estas consideraciones, se deberá contemplar la necesidad de secado forzado inmediatamente después de proyectada el agua, mediante calor o succión directa, como medida cautelar contra la aparición de futuras humedades.
Limpieza Química
Cuando la sal cristalizada no se disuelve directamente con agua, se requiere de la ayuda de algún tipo de producto químico que la disuelva. A este proceso se le denomina, limpieza química.
Hace años se hacia uso de vinagre en una solución del 10% que con su acidez facilitaba la disolución de las sales, sobre todo sulfatos. Actualmente se hace uso directo del ácido clorhídrico o se implementan gran variedad de productos comerciales que contienen diferentes porcentajes de ácido y que se aplican según la intensidad de la lesión. Cabe resaltar que el uso de estos productos implica mayor cantidad de agua y por consiguiente el peligro que conlleva esto a la hora de generar nuevas humedades. En cuanto al proceso de aplicación se siguen los mismos pasos que para el de limpieza natural en cuanto a cepillado y proyección del fluido.
Limpieza Mecánica
En raras ocasiones la sal se recristaliza formando costras mas o menos duras y difíciles de disolver, como el caso del sulfato potásico. Cuando ocurre ésto hay que emplear medios mecánicos para la eliminación de dichas placas. Es un proceso delicado que solo puede ser empleado por especialistas para asegurar que la zona a tratar se limita a la capa de sal y no hará daño al material superficial del paramento.
Los tipos de herramientas empleados son muy variados, pasando desde el simple cepillo de púas metálicas hasta el empleo de bujardas eléctricas o incluso el chorreado con diferentes materiales más o menos duros.